Diego se inclinó hacia su hijo y le sostuvo las manos esposadas.
—Tranquilo, hijo. Voy a aclararlo todo —le prometió.
En ese momento, la puerta se abrió y asomó la agente Martínez.
—Señor Vega, creo que debe ver esto —dijo con voz tensa.

Lo condujeron a la sala de monitoreo. En las pantallas se veían las grabaciones del sistema de cámaras de seguridad instalado en su propia casa, que Laura desconocía. La agente retrocedió el video hasta unos treinta minutos antes de la presunta agresión.
En la imagen aparecía Laura sola en el salón. Caminaba de un lado a otro, nerviosa. De pronto, se detuvo frente al espejo, tomó sus propias uñas y comenzó a arañarse los brazos con fuerza. Después se tiró al suelo, golpeándose contra el borde del sofá. Finalmente, tomó un pañuelo, lo enrolló y lo apretó alrededor de su cuello, frotando para dejar marcas.
Diego sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—No puede ser… —murmuró.
La agente Martínez asintió.
—Señor, su hijo no estaba ni en la misma planta de la casa cuando ocurrió esto. Las cámaras lo muestran en su habitación leyendo. Su esposa… fingió todo.
Diego cerró los ojos, abrumado por la mezcla de rabia y alivio.
—Quiero que lo liberen ahora mismo —dijo con firmeza.
Minutos después, Mateo salió de la sala de interrogatorios. Diego lo abrazó con fuerza, como si quisiera protegerlo de todo el dolor de las últimas horas.
—Jamás dudé de ti —susurró.
Al fondo del pasillo, Laura gritaba que todo era un montaje, que las cámaras habían sido manipuladas. Pero ya nadie la escuchaba. Los agentes la escoltaron a otra sala para interrogarla por denuncia falsa y autolesiones simuladas.
Mateo respiró hondo.
—Papá… ¿por qué hizo eso?
Diego pasó una mano por su cabeza.
—Porque algunas personas temen perder control y hacen cualquier cosa para conservarlo. Pero no te preocupes, hijo. Se acabó. Nadie volverá a hacerte daño.
Mientras salían de la comisaría hacia la luz de la tarde, Diego comprendió que no solo había recuperado a su hijo, sino también la verdad. Y que, aunque su vida cambiaría para siempre, este sería el inicio de algo nuevo: una familia reconstruida sobre la honestidad y la protección mutua.
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