“Papá no está muerto, está bajo tierra”, dijo la niña. La policía empezó a excavar…

La frase parecía salida de una pesadilla infantil. Sin embargo, fue pronunciada con absoluta seriedad por una niña de apenas cuatro años:
“Papá no está muerto, está bajo el suelo de la cocina.”

A partir de esas palabras, lo que hasta entonces era un simple caso de desaparición pasó a convertirse en una investigación criminal que hoy mantiene en vilo a toda una comunidad.

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Un reporte extraño

El jefe de policía Luis Ramos repasaba, como cada mañana, la lista de incidencias y denuncias recibidas. Entre los papeles, uno le llamó la atención: “Esposo desaparecido. Denunciante: Doña Francisca Díaz.”

El nombre de la supuesta víctima, según el informe, era un periodista local: Marta Gómez, conocida en el vecindario por su carácter reservado y sus colaboraciones esporádicas en el periódico regional. Lo extraño era que la denuncia no la había presentado Marta, sino su vecina Francisca. Y lo más perturbador aún: Francisca había llegado acompañada de la pequeña hija de la pareja, una niña llamada Victoria, que apenas soltaba un viejo osito de peluche.

“Ella no quería traer a la niña,” explicó Francisca, con la voz entrecortada. “Pero la niña dijo algo muy raro. Tenéis que escucharla ustedes mismos.”

La voz de Victoria

Luis Ramos se inclinó hacia la niña. Su tono paternal contrastaba con la tensión que impregnaba la sala.

—¿Cómo te llamas? —preguntó.
—Me llamo Victoria —susurró ella, apenas audible.

El jefe la observó con paciencia antes de formular la pregunta clave:
—¿Sabes dónde está tu papá?

Hubo un silencio largo. Los ojos oscuros de Victoria temblaron, y al fin, con una claridad escalofriante, respondió:
—Papá está bajo el suelo de la cocina. En el lugar donde las baldosas son más claras. Papá está frío.

El aire se volvió pesado. Un agente joven tragó saliva. Francisca se llevó la mano al pecho. Y Ramos, con el rostro endurecido, entendió que aquello ya no era un caso rutinario.

A girl called the police and said her father was under the floor: when the  officers started removing the floorboards, they found something terrible  😱😱 A strange and alarming call came into

La orden de excavar

Ramos llamó de inmediato a su lugarteniente, el teniente Ricardo Muñoz.
“Quiero un equipo preliminar en esa casa en menos de una hora. Y traed a Marta Gómez aquí. Necesito verla con mis propios ojos.”

Treinta minutos después, Marta llegó al cuartel. No tenía el aspecto de una viuda angustiada ni de una esposa desesperada. Vestía blusa blanca, pantalón negro, el cabello recogido, y sus gestos eran sorprendentemente firmes.

“Mi marido viaja mucho por trabajo,” dijo sin titubeos. “No entiendo por qué inventan esas cosas. Victoria es solo una niña, y Doña Francisca tiene la costumbre de dramatizarlo todo.”

Su voz era controlada, casi fría.

El hallazgo

Mientras tanto, en la vivienda familiar, los agentes comenzaron a revisar cada rincón. La cocina era amplia, con baldosas de color crema. A primera vista, nada parecía fuera de lugar. Pero al observar con detenimiento, un joven investigador notó algo: en el centro, junto a la mesa, había un sector donde las baldosas eran de un tono más claro, como si hubiesen sido colocadas más recientemente.

Al golpear con una barra metálica, el sonido hueco confirmó las sospechas. Ramos, que había llegado al lugar, dio la orden.

“Levanten ese suelo.”

El silencio reinó mientras los agentes rompían las baldosas. El polvo se elevaba en nubes, mezclándose con el olor penetrante de tierra húmeda. Y entonces, tras unos minutos de excavación, uno de ellos se detuvo en seco.

Un fragmento de tela.
Un brazo.
La verdad que todos temían se materializaba frente a ellos.

El cuerpo bajo las baldosas

El cadáver de un hombre, envuelto a medias en una sábana, apareció enterrado apenas a medio metro de profundidad. El avanzado estado de descomposición no impidió identificarlo como el esposo desaparecido de Marta.

La escena era tan sobrecogedora que algunos agentes tuvieron que salir a tomar aire. Francisca, la vecina que había dado la voz de alarma, rompió en llanto al ver confirmadas las palabras de la pequeña.

Victoria, mientras tanto, fue apartada con cuidado y llevada a un centro de atención infantil. “Papá está dormido bajo el suelo,” murmuraba aún, con una inocencia imposible de asimilar para los adultos presentes.

El interrogatorio

De vuelta en la comisaría, Marta Gómez fue confrontada con la evidencia. Pero ni el cuerpo hallado ni el testimonio de su hija lograron quebrar su aparente serenidad.

“Yo no hice nada,” repetía. “Él se marchó. Si alguien lo puso allí, no fui yo.”

Los investigadores, sin embargo, tenían claro que la frialdad de la mujer resultaba más inquietante que cualquier confesión. Sus declaraciones eran evasivas, sin rastros de duelo ni sorpresa.

Un fiscal local confirmó a la prensa que Marta era la principal sospechosa y que se abriría una investigación por homicidio y ocultación de cadáver.

Un vecindario conmocionado

La noticia sacudió la ciudad. Vecinos que conocían a la familia describían a Marta como reservada, distante, y al esposo como un hombre amable, siempre pendiente de su hija.

“Jamás imaginamos algo así,” dijo un comerciante cercano. “La niña siempre venía sonriente con su padre. Y ahora resulta que estaba bajo el suelo todo este tiempo.”

La prensa regional bautizó el caso como “El crimen de las baldosas claras.”

Un enigma abierto

A pesar del hallazgo, muchas preguntas siguen sin respuesta. ¿Qué motivó la muerte del hombre? ¿Fue un crimen pasional, un ajuste de cuentas, o algo más oscuro? ¿Por qué la niña, con apenas cuatro años, sabía exactamente dónde estaba su padre?

Los psicólogos que la entrevistaron aseguran que Victoria no pudo haber inventado un detalle tan específico como el de “las baldosas más claras.” Alguien, en algún momento, tuvo que hablar delante de ella. O quizá, como temen algunos, fue testigo de la escena.

El eco de una frase

Más allá de las pruebas forenses, de las hipótesis judiciales y de los titulares sensacionalistas, queda el eco perturbador de una frase imposible de olvidar:

“Papá no está muerto, está bajo el suelo.”

Palabras que rompieron el silencio de una desaparición y destaparon un crimen enterrado en la cocina de una casa aparentemente normal.

Hoy, mientras la justicia avanza y la comunidad intenta recomponerse del impacto, Victoria permanece bajo protección especial. Su testimonio, tan inocente como devastador, será pieza clave en un juicio que promete ser tan oscuro como la fosa descubierta bajo las baldosas claras.

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